Editorial invitado 15 de Octubre 2019
Finalmente, la Junta Central Electoral accedió a la petición del presidente Fernández y se dispuso la realización de la llamada “auditoría forense” a los equipos físicos y al software que manejó todo el proceso de escrutinio de las pasadas elecciones primarias.
Está claro que, si se hubiera hecho antes del evento, la transparencia del proceso habría sido optima, porque se posibilitaba la corrección de cualquier dificultad que presentaran.
No podemos olvidar que el novedoso sistema de votación y conteo automatizado, se concibió como un plan piloto, a fin de probar su efectividad y, en consecuencia, determinar si es confiable para usarse en las próximas elecciones.
Ya los hechos están consumados y solo nos queda, garantizar, mediante la participación en la auditoría de todos los sectores envueltos, que los procesos venideros serán totalmente diáfanos.
La transparencia de las elecciones, depende de la claridad y confianza que genere esta “auditoría forense”.
¡Manos a la obra pues, por la institucionalidad de país!
Está claro que, si se hubiera hecho antes del evento, la transparencia del proceso habría sido optima, porque se posibilitaba la corrección de cualquier dificultad que presentaran.
No podemos olvidar que el novedoso sistema de votación y conteo automatizado, se concibió como un plan piloto, a fin de probar su efectividad y, en consecuencia, determinar si es confiable para usarse en las próximas elecciones.
Ya los hechos están consumados y solo nos queda, garantizar, mediante la participación en la auditoría de todos los sectores envueltos, que los procesos venideros serán totalmente diáfanos.
La transparencia de las elecciones, depende de la claridad y confianza que genere esta “auditoría forense”.
¡Manos a la obra pues, por la institucionalidad de país!
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